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4. Curiosidad, Juego y Creatividad: una mirada desde la Infancia

Curiosidad, juego y creatividad:
lo que un niño de 10 años nos recuerda sobre la vida adulta

Invitado: Thiago Mendez

Hay conversaciones que no necesitan teorías, metodologías ni conceptos complejos para ser profundas. Solo necesitan una voz honesta. En este episodio de Cordial Saludo, esa voz es la de Thiago Méndez Rodríguez, un niño de 10 años que ama el colegio, disfruta aprender y piensa la creatividad desde un lugar tan simple como poderoso: la vida cotidiana.

Escuchar a Thiago no es proyectarlo hacia el futuro ni preguntarle qué quiere ser cuando sea grande. Es escucharlo desde el presente, desde cómo vive hoy la curiosidad, el juego, el aprendizaje y su relación con los adultos. Y eso, sin darse cuenta, nos deja varias lecciones importantes.

“Yo elegiría mil veces ser niño que adulto”

Cuando se le pregunta a Thiago si preferiría quedarse siendo niño o convertirse en adulto, su respuesta es inmediata y contundente. Elegiría ser niño una y otra vez. Para él, la razón es clara: la vida se disfruta más cuando uno se preocupa por menos cosas.

Ser niño, según Thiago, es divertirse, aprender, ir al colegio, jugar y no cargar con responsabilidades que abruman. Desde su mirada, la adultez aparece asociada al trabajo obligatorio, a hacer cosas que muchas veces no gustan, pero que igual hay que cumplir porque “es un deber”.

No lo dice con queja, lo dice con lógica. Y esa lógica infantil deja al descubierto algo que los adultos solemos normalizar demasiado rápido: muchas veces trabajamos sin disfrute, sin juego y sin creatividad.

¿Puede un adulto divertirse en el trabajo?

Para Thiago, es posible, pero difícil. Cree que hay trabajos donde uno puede reírse, compartir con amigos y disfrutar algunos momentos, pero siente que en general el trabajo adulto está más ligado a la obligación que al disfrute.

Sin embargo, cuando imagina su propio futuro, aparece algo interesante. Dice que intentaría encontrar tiempo para disfrutar, compartir con su familia, pasear y, en lo posible, encontrar un trabajo que lo haga feliz. No niega la responsabilidad, pero sí plantea algo clave: repartir las cargas y no vivir todo como una preocupación constante.

Ahí aparece una idea poderosa: tal vez no se trata de dejar de ser adultos, sino de no abandonar del todo la forma en que los niños habitan la vida.

Cómo sería Thiago si fuera profesor por un día

Si Thiago fuera profesor, no cambiaría la idea de enseñar, pero sí la forma. Haría clases donde los alumnos se diviertan, porque para él una clase aburrida no solo da pereza, sino que dificulta el aprendizaje.

Para Thiago, portarse bien no significa quedarse quieto y callado todo el tiempo. Significa no gritar, no pelear, no correr sin sentido y poder resolver los conflictos hablando. Si sus alumnos se portaran bien, los recompensaría con tiempo libre o actividades que disfruten.

La enseñanza, desde su mirada, no se basa en castigos, sino en motivación, diversión y acuerdos claros.

Qué es la creatividad para un niño

Cuando se le pregunta qué es la creatividad, Thiago no duda en responder que es una forma de expresarse. Puede usarse para cosas buenas, como hacer un dibujo y regalarlo, o para cosas no tan buenas, como inventar mentiras muy elaboradas.

Su ejemplo es tan honesto como brillante: la creatividad sirve tanto para decir “el perro se comió la tarea” como para resolver un conflicto con un amigo. En lugar de pelear por un borrador, él lo partiría en dos para que ambos tengan una parte.

Ahí aparece una definición simple y profunda: la creatividad como herramienta para resolver conflictos, no solo para crear cosas bonitas.

Todos somos creativos, pero no todos lo creemos

Para Thiago, todos los adultos son creativos. La diferencia es que algunos creen que no lo son. Da un ejemplo cotidiano: cuando su mamá reorganiza su cuarto, piensa con él dónde poner las cosas, qué cambiar y cómo mejorar el espacio. Eso, para él, es creatividad.

No asocia la falta de creatividad con ser aburrido, sino con no reconocerla. Cada persona tiene una creatividad distinta, y comparar una con otra es lo que genera la sensación de “yo no soy creativo”.

¿Los adultos entienden a los niños?

Thiago cree que sí, aunque aclara algo importante: a veces los adultos entienden mal. No porque no quieran escuchar, sino porque interpretan desde su propia lógica.

Para él, la clave está en la comunicación. Hablar mejor, escuchar más y construir soluciones juntos. No se trata de que adultos y niños estén siempre al mismo nivel, porque reconoce que padres y madres tienen autoridad, sino de que haya más diálogo y menos imposición automática.

Tecnología, juegos y creatividad

Thiago consume YouTube principalmente para divertirse y aprender. Busca videos de risa, trucos de videojuegos y contenidos que le ayuden a entender mejor lo que le gusta. No usa TikTok, algo que dice con total naturalidad.

Juega videojuegos como Minecraft, Roblox y Fortnite, y tiene claro que ahí también hay creatividad. En Minecraft, por ejemplo, no solo sigue reglas: inventa casas, estructuras y soluciones propias. Para él, crear dentro de un juego es una forma legítima de imaginar, diseñar y experimentar.

Si pudiera crear una plataforma propia

Si Thiago creara su propia plataforma, estaría enfocada en curiosidades, aprendizaje y entretenimiento. Le gustaría hacer reacciones, compartir cosas interesantes y ayudar a otras personas. Por eso, cuando se le pregunta a quién admira en YouTube, menciona a Mr. Beast, no por la fama, sino porque ayuda a otros.

Una ley para los niños

Si fuera el “presidente de los niños”, Thiago crearía una sola ley: resolver los conflictos sin pelear. No robar, no golpearse y buscar otras formas de solucionar los problemas. Jugar, sí. Disfrutar, también. Pero sin violencia.

Un mensaje para los adultos

Cuando se le pide una frase para los adultos, Thiago no recurre a nada complicado. Dice algo que resume toda la conversación:

“No se preocupen tanto y disfruten la vida.”

Tal vez ahí esté la clave. No en volver a ser niños, sino en recuperar esa capacidad de disfrutar, jugar, aprender y crear sin vivir todo como una carga.

Escuchar a Thiago no es escuchar a “un niño gracioso”. Es escuchar una mirada fresca, lúcida y profundamente humana sobre la creatividad, la educación y la vida adulta. Y quizás, si los adultos escucháramos más seguido a los niños, muchas cosas serían distintas.